Las mujeres llevamos décadas realizándonos citologías para detectar cáncer de cuello de útero de forma precoz, pero hasta hace unos años no sabíamos mucho más sobre esta patología. Hoy sabemos que es está producida por el virus del papiloma humano (HPV), descubrimiento que llevó hasta el premio Nobel de Medicina al profesor Zur Hausen en 2008. Este descubrimiento marcó un antes y un después en la prevención de esta patología. Por un lado, entendemos mejor la historia natural de esta enfermedad y, por otro lado, hemos podido desarrollar estrategias dirigidas para su prevención primaria y secundaria.
El HPV es un virus muy extendido y su infección muy frecuente. Se calcula que un 80% de las personas estarán en contacto con él a lo largo de su vida. La OMS lo define como un verdadero problema de salud pública, teniendo en cuenta que cada año se diagnostican 660.000 canceres de cérvix a nivel mundial con 350.000 muertes en 2022, siendo el cuarto tipo de cáncer más frecuente en las mujeres. Las tasas más elevadas de incidencia y mortalidad se dan en los países de ingresos bajos y medianos debido a la falta de acceso a la vacunación y cribado. En nuestro país la incidencia está en torno a 7 casos por cada 100.000 mujeres, diagnosticándose cerca de 2.000 casos anualmente. Tiene una alta mortalidad siendo hoy en día la cuarta causa en incidencia de mortalidad por cáncer en mujeres menores de 45 años.
Además, no existe tratamiento eficaz contra el HPV, al igual que para la mayoría de las infecciones víricas, tienen que ser nuestras propias defensas las que se encarguen de eliminarlo. La buena noticia es que actualmente disponemos de estrategias excelentes para su prevención y su diagnóstico precoz.

La mayor parte de las personas que entran en contacto con el HPV sufren una infección subclínica y eliminan el virus sin que éste haya llegado a producir lesiones. Éstas solo aparecerán en un 10% de los casos. ¿Qué tiene que ocurrir entonces para que el virus llegue a alterar las células y ocasionar lesiones? Por un lado, el virus debe ser un tipo de virus de alto riesgo y, por otro, la infección debe ser persistente. La familia de HPV es muy amplia y sólo unos cuantos son de alto riesgo. Además, la infección debe persistir en el tiempo, es decir, que no seamos capaces de eliminar el virus, y, para que esto ocurra, existen factores modificables y no modificables. Un factor no modificable es tener un sistema inmune debilitado que tardará más en eliminar el virus, aumentando así las posibilidades de que produzca lesiones. En cuanto a factores modificables, el tabaco ha demostrado ser un importante cofactor que favorece la persistencia del virus, por lo que abandonar el tabaco nos ayudará a eliminar el virus.
Esto significa que el tener una determinación positiva de HPV no supone que se vaya a tener cáncer, por lo que no hay que alarmarse. La forma de prevenir el cáncer de cuello de útero es mediante la prevención primaria, vacunándonos del HPV, y la prevención secundaria, mediante la realización de citologías y/o detección del HPV que detectan la presencia del virus y de lesiones de bajo o de alto grado que son precursoras del cáncer.
Las vacunas representan una herramienta preventiva de primer nivel, ya que protegen de entre el 70 y el 90% de los tipos de VPH responsables de lesiones y cáncer. Cuando mejor funcionan es cuando se administran antes de iniciar las relaciones sexuales, por eso el mejor momento para vacunar es la adolescencia. Pero ello no invalida el poder usarlas a otras edades. De hecho, son vacunas que pueden beneficiar a todas las personas que tengan relaciones sexuales, sin distinción de edad, género ni orientación sexual.
Además, los programas de detección precoz de cáncer de cuello, o cribado, permiten, mediante la citología o la detección precoz del HPV, conocer la población en riesgo de padecer lesiones en el cérvix y así poder diagnosticar dichas lesiones cuando las pacientes afectadas son remitidas a las unidades de patología cervical. Controlando las lesiones leves y extirpando las severas evitaremos la aparición de cáncer de cérvix.

Recientemente, se ha observado que el VPH es también el causante de cánceres en otras localizaciones (orofaringe, pene, ano…) y que puede afectar tanto a hombres como a mujeres. Además, es el causante de verrugas genitales, que, aun siendo benignas, son muy molestas, difíciles de tratar y afectan a ambos sexos.
En España la vacunación frente al HPV está financiada tanto en niñas como en niños en la adolescencia. Las coberturas de vacunación en niñas son excelentes, pero no podemos relajarnos, tenemos que seguir esforzándonos para mantenernos en esa excelencia. En cuanto a la cobertura en niños, todavía no hay datos porque se han incorporado recientemente a ese calendario. Esperemos que se puedan conseguir coberturas igual de buenas a las de las niñas, porque al final el HPV es cosa de todos, y todos debemos protegernos.


